En animada conversa sobre las relaciones entre política y música con Ana María Allieviy, Morhec Suinaga y
Morella Pino, en el acogedor ambiente de “Sopita Rica” –ese bien guardado patrimonio
cultural aragüeño-, y
especialmente a propósito de los extravíos a los que tantas veces nos llevan los fundamentalismos de todo tipo, mencionaba yo un ensayo de
Edward Said, un conocido investigador y crítico musical-literario-cultural de
origen palestino, titulado “Barenboim y el tabú contra Wagner” (Música al límite, 2011). La promesa de conseguirle
a Ana María una fotocopia me llevó a volver a leer con renovado deleite el
ensayo en cuestión.
Brevemente, se trata de un agudo análisis de la virulenta
reacción que en julio de 2001 generó la interpretación por parte de Barenboim de unos pasajes de
Tristán e Isolda nada más nada
menos que en un Festival Israel, rompiendo así un prolongado veto de la
obra wagneriana en suelo judío. Hay que agregar que el propio
Barenboim es judío, con doble nacionalidad argentina y hebrea por más detalles,
además de ser fundador, junto con el propio Said y Yo-Yo Ma,
de la famosa West-Eastern Divan Orchestra, conformada por músicos árabes
e israelíes. Todo un personaje, pues, no exento de polémicas, detractores y defensores, como el propio Said. Por lo demás, el tema
del veto a Wagner sigue siendo de absoluta actualidad.
No siendo mi intención transcribir completo el ensayo de Said, comparto aquí algunas frases que me han resultado muy iluminadoras,
pensando en las enseñanzas de esa labor de hormiguitas que
nos ha reunido en torno a Devuélvannos el TOM. Y pensando también en los prejuicios y reservas
que aun retienen a muchos cultores y les impiden manifestar su inconformidad
y hacer valer el derecho ciudadano a la participación crítica.
Sin querer hacer ninguna extrapolación entre situaciones tan disímiles, el ensayo de Said simplemente me ha hecho pensar en la exigencia de mantener la independencia de pensamiento, crítico y racional. Una tarea urgente que tenemos pendiente los venezolanos de hoy.
Cito, pues:
“Barenboim es a todas luces un artista que derriba
obstáculos, cruza líneas prohibidas y entra en territorio tabú o prohibido.
Esto no lo convierte automáticamente, de ninguna manera, en una figura política
con todas las de la ley, pero tampoco ha escondido su descontento por la
ocupación israelí y, a principios de 1999, llegó a ser el primer israelí que
ofreció sus servicios gratuitos para realizar un concierto en la Universidad
Bir Zeit en Cisjordania. (...) Está claramente fascinado por el Otro, y rechaza
categóricamente la irracionalidad de una posición que postula que es mejor no
saber que saber. Estoy de acuerdo con él en que la ignorancia no es una
estrategia política adecuada para un pueblo, y en consecuencia, cada uno a su manera, todos han de comprender y conocer al Otro proscrito. No hay muchos individuos que piensen de
esta manera, pero para mí, así como para un número creciente de otras personas,
es la única posición intelectualmente coherente que cabe adoptar. Esto no
disminuye la propia defensa de la justicia o la solidaridad con los oprimidos;
no significa abandonar la propia identidad; no implica mirar para el otro lado
en lo que respecta a la política real. Significa que para convertirse en un ciudadano
es necesario emplear la razón, el entendimiento y el análisis intelectual, y no
la organización y el fomento de pasiones colectivas como las que parecen motivar
a los fundamentalistas. Hace tiempo que he suscrito a esos principios
personalmente y tal vez sea una razón por la cual Barenboim y yo tenemos
nuestras diferencias, y a pesar de ello hemos seguido siendo amigos.”
“Nada
histórico está congelado en el tiempo; nada en la historia es inmune al cambio;
nada en la historia va más allá de la razón, más allá del entendimiento, más
allá del análisis y la influencia. Los políticos pueden decir los disparates que
deseen y hacer lo que les venga en gana, al igual que los demagogos
profesionales. Pero en lo que se refiere a los intelectuales, los artistas, y
los ciudadanos libres, tiene que existir siempre el espacio necesario para la disención,
para los puntos de vista alternativos, para los caminos y las posibilidades que
pongan en duda la tiranía de la mayoría y que, al mismo tiempo y lo que es más
importante, hagan progresar hacia la ilusttración y la libertad de la humanidad.”
“El sionismo ha tratado de excluir a los no-judíos y
nosotros, a través de nuestro boicot indiscriminado, que llega incluso hasta el
veto de usar el mero nombre de "Israel”, en realidad les hemos facilitado
la tarea en lugar de impedir ese plan. Y en un contexto diferente, es el motivo
por el cual la interpretación de Wagner por Barenboim, aunque sea
auténticamente dolorosa para muchos que siguen sufriendo los traumas reales del
genocidio antisemita, tiene el efecto saludable de permitir que el duelo pase a
otro nivel, es decir, llegar a vivir la vida misma, que debe continuar y no
puede ser congelada en el pasado. Puede ser que no haya captado todos los
numerosos matices de esta compleja serie de problemas, pero lo principal es que
la vida real no puede regirse por tabúes y vetos contra la comprensión crítica
y la experiencia liberadora, que siempre deben gozar de la más alta prioridad.
La ignorancia y la elusión son guías de conducta inadecuadas para el
presente.”
(Por comodidad he usado, con algunas modificaciones, una
versión que encontré en Internet)
-Ángel Sanabria
Magnífica reseña, Ángel, felicitaciones. Tardaste en publicar pero debutaste con un tema sensible y muy pertinente. Si así llueve, que no escampe.
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