En lo que diferimos mi amigo y yo fue en la forma de enfrentar el problema. Él se declaró partidario de una protesta "más enérgica", y por eso me pareció oportuno contarle cómo me uní a este movimiento ciudadano por el rescate del TOM.
Llevaba más de dos años escuchando en los medios locales las mismas quejas sobre el Teatro de la Ópera: que si lo desvalijaron, que si se llevaron hasta las lámparas, que si era otro gran guiso clientelar del gobierno … Un buen día entrevistaron a Morhec Suinaga como promotora de una protesta pacífica, materializada en una serenata semanal al TOM, con el propósito de llamar la atención sobre la situación del teatro y convocar a la ciudadanía para el justo reclamo de su reapertura. Mi impresión fue que al fin alguien hacía ALGO aparte de quejarse y culpar al gobierno. Todos sabemos que la corrupción va a llevarse buena parte de los recursos mientras no exista un estricto control en la ejecución de obras públicas, pero el hecho es que los maracayeros (artistas y público) no hemos hecho gran cosa para conocer el plan de “remodelación integral” del TOM, ni exigido un cronograma del avance de las obras, ni planteado la “contraloría social” como mecanismo para la rendición de cuentas. El movimiento “Devuélvannos el TOM” tomó esas banderas: su grupo de observadores ha presentado planteamientos concretos ante la Secretaría de Cultura del Estado Aragua, donde han sido recibido en dos ocasiones. Y en contraste con el desánimo general de los antiguos usuarios del teatro, la protesta-serenata se ha mantenido semanalmente por más de ocho meses, sin pretensiones de figuración o protagonismo, sino como expresión del anhelo colectivo por rescatar su más valioso espacio cultural. A la apatía ciudadana hay que agregar el miedo de los funcionarios públicos de cualquier ente (cultural o no) a tomar parte en iniciativas que impliquen una crítica al desempeño gubernamental, por muy "comeflor" que parezca cantarle a un teatro un día domingo.
Yo me incorporé a finales de febrero -a modo de prueba- invitada por una pareja de amigos. Después de algunos años en el mundo coral universitario, me hallaba un poco alejada de la actividad cultural. Sin embargo, al recibirme con tanta simpatía y calidez, me ganaron de inmediato para la causa del TOM. Mi amigo critica el "ambiente festivo" de nuestros encuentros semanales, pero se equivoca quien piense que nos tomamos a la ligera la crítica situación actual del teatro. De pronto es una característica del venezolano: no podemos encontrar caras conocidas porque armamos una fiesta -lo he visto hasta en velorios-. Aparte de eso, lograr reunir cada domingo a un grupo, aunque sea pequeño, confirma que hemos encontrado la forma de dar continuidad a nuestro justo reclamo. Y cada artista -reconocido o novel- que se suma a la protesta, nos da un enorme estímulo para seguir adelante.
No sé si este movimiento alcanzará su objetivo de ver el TOM abierto y en pleno funcionamiento, pero yo seguiré apoyándolo. Hay mucho que averiguar sobre la remodelación y sobre la posición de organismos como el Instituto de Patrimonio Cultural. Hay que captar el apoyo de muchos más artistas por el rescate del teatro. Pero, principalmente, es necesario despertar a la ciudadanía, ese público que asistía con entusiasmo a cada espectáculo y que ahora permanece pasivo. ¿Realmente creen que no hay nada que hacer? Acompáñennos el próximo domingo y conocerán una alternativa. No pierden nada y, tal vez, ganen mucho. Los esperamos.
