miércoles, 21 de octubre de 2015

Seis

Por estos días, el calor en Maracay es sofocante. A medida que llegan, los convocados van buscando la piadosa sombra de algún árbol mientras se abre la reja que les permitirá observar cómo van las obras de restauración. Hay un intenso movimiento de camiones que entran y salen, señal de que los ritmos han cambiado; atrás parecen haber quedado los tiempos en que por los rotos ventanales del segundo piso se avistaban chinchorros y ropa tendida. Pese a las naturales reservas, crece la expectativa de que se aproxima un gran evento. 


Visita del 23.09.2015
La visita comienza por el lado oeste del teatro y la guía el arquitecto José Alberto Pulido, responsable de la restauración desde principios de 2014. Fue un proyecto difícil de abordar -comenta-, resultado de haber echado todo abajo sin un plan concreto de remodelación. Aceptó hacerse cargo de la obra con ciertas condiciones, entre ellas, contratar los trabajos a través de la Cámara de la Construcción del Estado Aragua. También exigió que privaran criterios técnicos -y no políticos- en las muchas decisiones que implicaba una obra de tales dimensiones. Satisfechas esas y otras demandas, se iniciaron los trabajos de restauración bajo la premisa de preservar en lo posible el diseño original e incorporar los adelantos tecnológicos disponibles en la actualidad para crear el gran centro cultural que la ciudad ha esperado por varios años. 

Ese diseño concibió originalmente una estructura perfectamente simétrica, característica del modernismo, pero los camerinos y demás espacios del lado oeste no llegaron a construirse. La primera novedad es que ahora sí estarán disponibles, e incluyen salas de ballet con piso flotante -que disminuye el impacto en el ejecutante- y una sala acondicionada para conservar los pianos cuando no estén en uso. Es una buena noticia saber que el preciado piano de cola Steinway, uno de los pocos de su tipo en el mundo, se mantendrá allí, perfectamente afinado, entre un concierto y otro. 

Más novedades: el foso de la orquesta cuenta ahora con un mecanismo hidráulico que facilita el acceso a los músicos, la bóveda acústica se sustituyó por otra -adquirida en París- más cónsona con el nuevo estilo de la sala, el aforo se amplió a 900 butacas e incluye los dos palcos contemplados en el diseño original. La iluminación y demás aspectos de la tramoya estarán automatizados, pero contarán con personal de respaldo en caso de fallas. Y sí, el teatro cuenta con una planta para que las actividades no se vean afectadas por fallas eléctricas, cada vez menos eventuales.


Otro objetivo de la restauración es que el nuevo teatro refleje las distintas etapas: los años 30 en que se construyó, los 70 en que finalmente se abrió al público y el momento actual, en que vuelve a funcionar. El exterior muestra una de esas innovaciones: faroles que pueden proyectar luces multicolores sobre la fachada. Los más conservadores rechazarán la idea, acostumbrados a una imagen más sobria del edificio. Es difícil asimilar algunos cambios, pero cabe recordar lo que ocurrió en París con la pirámide del Louvre; a la larga se integró hasta formar parte indiscutible del mítico museo. 

Para la segunda planta están contemplados un estudio de fotografía y una galería con un área para eventos de público reducido. Sólo imaginar esas veladas estilo café-concert aumenta la ansiedad por el esperado estreno. Cosas interesantes están por verse.


En los alrededores del Teatro de la Ópera se aprecian cambios importantes que incluyen la Plaza Bolívar, recientemente remodelada, el bulevar del lado este, la antigua sede de la Gobernación del Estado y el viejo Hospital Civil. Esa parte del casco central de la ciudad tiene otro rostro, y transcurrirá cierto tiempo antes de que los ciudadanos -en especial aquéllos condicionados a recibir malas noticias- puedan reconocer que la trasformación es beneficiosa para todos y que se aproxima ese final feliz que tanto han esperado. Era justo reclamar la pérdida de un patrimonio cultural tan importante, pero ha llegado la hora de reconocer que el teatro que abrirá sus puertas en pocos días tiene mucho que ofrecer a la comunidad. Y eso es emocionante.


No es momento de seguir especulando; el piano, el espejo y las lámparas volverán a su sitio. Otros elementos de la antigua estructura -como las hermosas barandas de bronce pulido- no volverán. Han sido seis largos años desde aquel mes de septiembre en que cerraron sus puertas y comenzó su atropellado tránsito a un destino incierto. Lo importante es que esa cuenta se detuvo, no habrá un séptimo año de espera y frustración. Y la nueva cuenta es regresiva, cada vez falta menos para recuperar ese magnífico lugar de encuentro donde la música, el teatro, la danza y todo lo que represente arte y cultura se rinden ante el espectador. Finalmente, la inmensa nave se acerca al puerto. Y será maravilloso poder volver a decir: "Nos vemos en el TOM".

domingo, 24 de mayo de 2015

El ReencuenTOM

Es un caluroso domingo de mayo y la agitación de los últimos arreglos nos hace sudar. La reunión será en un club a las afueras de Maracay, algo lejos para los que no tienen carro, así que toca recoger a algunos compañeros en camino al primer reencuentro del 2015. Nadie parece recordar cuándo fue la última vez; sería fácil revisar los archivos de fotos y verificar las fechas, pero no vale la pena: el hecho es que volveremos a reunirnos para recordar a nuestro amado Teatro, cantar juntos y compartir unas pocas horas con los fieles compañeros de causa. Lo demás no importa.

Recorriendo el estacionamiento del club, rumbo al fresco salón que José Miguel y Mary Glory han reservado para la ocasión, vemos al primer grupo de amigos. Van camino de los caneyes porque no hay energía eléctrica y en un salón cerrado nos vamos a asar. Los seguimos con resignación; ya no basta con llevar el refresco y las papitas fritas, también hay que considerar ropa ligera y un abanico. En este país nada es como uno espera.

Hacia las 11 de la mañana ha llegado la mayoría, aparece un cuatro y un par de maracas, los cancioneros salen de los bolsos y, poco a poco, nos disponemos a cantar. No junto a la cerca de alambre que rodea al Teatro desde su clausura por remodelación, hace casi 6 años. Esta vez le cantaremos muy lejos, donde la intolerancia no tiene el poder de impedirlo.

Ángel trae una nueva versión del ParranTOM, a lo largo de estos años le ha tocado actualizarla. Esta última da por hecho la ansiada reapertura, pero lo cierto es que la espera continúa a pesar de los cambios externos en el edificio y de los anuncios oficiales.

Seamos positivos: algún día abrirá sus puertas y pasaremos esta página de ausencia y despojo. Siguiendo la costumbre venezolana, dejaremos atrás los recuerdos tristes y haremos un brindis por el nuevo teatro. ¿Cómo será por dentro? Seguramente muy distinto del que conocimos. Habrá que tragar grueso y pensar que ya nada volverá a ser como antes. No en este país.

¿Qué nos deja este reencuentro? La alegría en los rostros de todos, el esperado abrazo, un breve recuento personal de lo ocurrido en los meses sin vernos, algún proyecto a corto plazo como el de Ana María con el teatro universitario y, sobre todo, la magia de la música, que si bien no ha acortado la espera, la ha hecho más llevadera. 

Los leales amigos de la Agrupación Cumaragua estaban allí. También Nancy Toro con su cálida y hermosa voz. No faltaron Ana Cristina y María Eugenia en representación del vasto movimiento coral aragüeño. Gente que extraña ese espacio que por tantos años tuvimos y jamás imaginamos perder. Gente consecuente, hay que decirlo.

Seguiremos protestando a través del canto, tanta tonada de ordeño tiene que rendir sus frutos. En algún momento, ojalá cercano, nuestro punto de encuentro volverá a estar junto a la Plaza Bolívar, en un teatro abierto a su público. 

Recomiendan visualizar como hecho consumado el propósito que se quiere alcanzar, haga pues cada quien el ejercicio de verse traspasar sus puertas entre el bullicio de inquietos espectadores, con la función a punto de comenzar. Imaginemos que, finalmente, nos han devuelto el TOM.

miércoles, 19 de marzo de 2014

El gigante

Recuerdo con toda claridad mis días en tus entrañas, desde los 4 años te visitaba para bailar en esa madera que sonaba tan divino cuando zapateaba mi joropo... Las carreras por los pasillos al camerino para cambiarme el vestuario y tus luces y telón que anunciaban pomposos el inicio de un nuevo acto... Luego volví a ti, con orgullo, a alzar mi voz en nombre de los coros a los que tantas veces acompañé en tu escenario, como solista... Lo hice casi todo en esa casa que ahora yace casi en pié casi en escombros, olvidada, abandonada, desolada... Ni tus fantasmas deben estar ya, se deben haber mudado por no poder soportar la verguenza en la que te has convertido...
Amado Teatro, no hay palabras que definan el dolor de verte así, gigante que se tambalea a manos de la maldad de un gobierno que prefere ver a su pueblo miserable que culto; cómo no llorar ante tan dastesca faz! No queda nada de ti, solo un carapacho vacío de alma, tan vacío como las suyas, las de aquellos que en silencio te fueron declarando la guerra. Dónde estarán tu mármol tus espejos y tu arte? Dónde tus butacas y madera, dónde estarás ahora? En qué rincón de esa concha te estarás escondiendo, reducida tu grandeza a monte y graffitis...
No estás solo! Son muchas las lágrimas que se han derramado en tu nombre y muchos los sueños de verte apaecer de nuevo, monumental y estoico... Sueño con poder dirigir en tu escenario, es la única de mis etapas que no he podido compartir contigo, sueño que mi ahijada pueda entrar a tu escenario y te conozca, le contaré todo lo que pasaste por culpa de los desalmados incultos y espero contarle también como resucitaste, que como fiel guerrero soportaste el estruendo y la guerra y permaneciste en pié...
Hoy habría de seguro un gran concierto en tus entrañas, cientos de personas harían fila para disfrutar de tu aniversario, la marquesina estaría bailando de luces y tu, orgulloso, tendrías tu mejor cara para ofrecer... Que triste la vida sin ti!
Resiste gigante, estamos construyendo el país para después ir por ti...

sábado, 27 de julio de 2013

Pausa

En 22 de los 31 domingos comprendidos entre septiembre 2012 y marzo 2013, el Teatro de la Ópera de Maracay tuvo la compañía de sus fieles serenateros. A esos encuentros dominicales hay que agregar el primer sábado de septiembre, fecha en que el TOM llegó a 3 años cerrado "por reformas" que inicialmente se estimaron como menores y que con el tiempo se han dirigido a una "remodelación integral" -anunciada en pancartas alrededor del teatro-, de la que aun se desconocen mayores detalles.

Sábado 01.09.2012
En la página del grupo en Facebook (*) hay abundante material fotográfico de esas citas domingueras. A veces sólo aparecen unos cuantos amigos, indoblegables en el objetivo de que su reclamo sea oído; en otras oportunidades se reúne un grupo más numeroso, generalmente convocado para un evento especial como la celebración de la Navidad, la Paradura del Niño o la Quema de Judas. Las celebraciones religiosas ya han visto su segunda edición a las puertas del Teatro, mientras del lado gubernamental ha persistido el silencio y la indiferencia. Por algo en Domingo de Resurrección se han quemado los Judas de la Desinformación, la Desidia y la Indolencia. Hay que insistir: la queja se extiende no sólo a las autoridades regionales responsables de la actual situación del TOM, sino también a ese mayoritario sector de la ciudadanía que sigue indiferente ante la ausencia del que fue por varias décadas su principal espacio cultural.

En los últimos meses algunos hechos han llevado a interrumpir la protesta, y no precisamente por haber observado un avance en el proceso de recuperar el Teatro para la comunidad: nada menos que tres eventos electorales en siete meses, incluyendo la repetición de una elección presidencial cuyo ganador enfrentaba un problema de salud de tal gravedad que ni siquiera le permitió juramentarse en el cargo. Un duro golpe para sus seguidores, a quienes las fuentes oficiales confundieron con noticias contradictorias hasta que el desenlace fue inocultable. Posiblemente la información veraz y oportuna le habría ahorrado al país el clima de incertidumbre en que hoy se debate, pero gracias a su empeño por mantener el poder a toda costa, seguimos rumbo a un futuro impredecible.

Domingo 24.03.2013
Cambia el gobierno regional en las elecciones de diciembre pasado, y varios meses después sólo se observa la desaparición de la parte de la pancarta que mostraba el nombre del antiguo gobernador, junto a un nuevo anuncio de más millones para la "Rehabilitación Integral del Teatro de la Ópera, Fase II". En esta nueva etapa, ¿dejarán de destruir lo que había y empezarán a construir algo nuevo? Es increíble que las nuevas autoridades no hayan sentido la obligación de proporcionar esa información apenas asumieron sus cargos. Parece que la cultura puede esperar; mientras tanto, la violencia se adueña de las calles y los ciudadanos retrocedemos en nuestro legítimo derecho a vivir con tranquilidad y alimentar el espíritu con un buen concierto o reflexionar ante un montaje teatral, arriesgado y trascendente. Como si la existencia humana pudiera prescindir del arte: en la soledad de su caverna, el hombre prehistórico buscó la forma de reflejar en pinturas su paso por el mundo, negado rotundamente a completar un ciclo como cualquier otro ser vivo, incapaz de construir su propio destino.

Finalmente, cuando de nuevo la realidad es ineludible, tenemos una respuesta gubernamental. No hay sorpresas, por desgracia. Habrá una investigación, un contratista privado deberá responder por los daños, algunos funcionarios de la anterior administración serán interpelados, y poco más. Tal parece que seguiremos sin teatro, no hay forma de recuperar el que teníamos y difícilmente saldrá algo mejor de quienes ven en la política un camino al enriquecimiento personal y a los privilegios del poder, por tiempo indefinido. Nada de servir al ciudadano, nada de comprometerse a mejorar su nivel y calidad de vida. No hay una propuesta por la cultura y la paz, sólo un discurso vacío de ideas y de modernidad, pero lleno de evasivas. Con excusas cada vez más inaceptables, porque después de 14 años en control casi absoluto del poder, es impensable que la responsabilidad siga recayendo en la acera contraria.

Es este punto podemos dejarles el camino libre, o seguir luchando para que las cosas cambien. El hombre "primitivo" no se conformó con sobrevivir en su agreste entorno; buscando trascender se volvió artista, y su arte terminó por llenar el planeta de museos, teatros y salas de concierto. Sólo en tiempos de guerra esos espacios han desaparecido, para resurgir más tarde, cuando la humanidad ha recuperado la cordura. Podemos sentarnos a esperar que la historia se repita o, como nuestro ancestro de las cavernas, construir el futuro que imaginamos.

(*) http://www.facebook.com/groups/devuelvannoseltom/

miércoles, 29 de agosto de 2012

¡Un Año Más!

Domingo 26.08.12
Un aniversario más, un año más de silencio, sin marquesina ni plaza, sin ajedrez ni ballet... Un año más de abandono... Tus puertas cerradas nos reciben cada semana y aún esperamos, pacientes y esperanzados tu renacer de las cenizas, tú, fénix que volvera de la nada vuelto templo, a tí estas palabras sinceras que fluirán por tus muros de concreto hasta tu corazón que aún late en cada corazón aragueño y venezolano. Tu faz no es la misma, la han corroído hasta tus huesos, tu escenario repleto de historia, tus pasillos llenos de gente, tu rostro imponente, ya no es igual, te han sumido en la miseria de la soledad, ningún sonido acompasado te acompaña, ninguna imagen hermosa te decora, y aún así, estás, como siempre, anclado a nuestra ciudad como ejemplar hermoso y tenaz de la propia vida... Un año más de puertas cerradas, y aquí estamos, los muchos que acompañamos con el alma tu tortuoso transitar; no has estado sólo, cada alma de esta tierra que haya vibrado en tus espacios te acompaña, te espera, te lucha, y lo hará hasta volvernos a encontar en tus espacios como tantas veces lo hicimos, hasta ver brillar tu marquesina repleta de luces, hasta pisar ese escenario tan nuestro... He aquí un aniversario más del comienzo de tu transformación, lenta, dolorosa, impropia e irracional, uno más de los que quizás vendrán a sumarse, uno más de espera sin respuestas y de lucha... Estamos aquí, como hemos estado, a tu lado en este tránsito extraño y desconocido, sin saber en que dirección iremos después, con el único propósito de que éste tiempo sea el último de puertas cerradas y luces apagadas, te queremos de nuevo, te queremos vivo! Te necesitamos vivo!
-- Ana Cristina Pérez Paradisi

sábado, 18 de agosto de 2012

Desde el Oriente han venido

Un autobús pasa veloz, y al rugido de su máquina sigue una pesada estela de humo. Apenas una cuadra más allá, cierto grupo vocea consignas políticas con un potente equipo de sonido. Amenaza lluvia y hemos renunciado a usar el toldo porque no aparecen las instrucciones para armarlo, pero un rápido inventario de los paraguas disponibles proporciona alguna tranquilidad. El improvisado escenario callejero está listo: tres taburetes para los músicos y dos mesitas. Gracias a un modesto fondo común, al final de la función podrá ofrecerse a los asistentes un también modesto refrigerio. A pesar de todas las limitaciones, el concierto está por comenzar.

Desde el Oriente han venido unos a reunirse con otros de Aragua para conformar la Agrupación Cumaragua, que ese nublado domingo ha decidido sumarse a la Serenata. Qué diferente sería todo si el Teatro de la Ópera de Maracay estuviera abierto y ese concierto se diera en su grandiosa sala, al margen del ruido circundante y al amparo de los grises nubarrones. Pero no es así, y como elegimos no resignarnos a la desnudez cultural, a que de un zarpazo nos quitaran ese elegante espacio para el disfrute artístico, estos Reyes Magos venidos de Oriente y asentados en Aragua terminan de afinar los instrumentos para deleitarnos con el sonido de su música, con su arte y, especialmente, con su solidaridad. Desde una acera, a un lado del Teatro. Artistas por el TOM, con orgullo, como debe ser.

Se inicia un hermoso paseo por la música de nuestra tierra, donde alternan el valse y el joropo oriental. En medio del creciente entusiasmo de los espectadores, algún espontáneo se anima a acompañar. Otro, con ceño fruncido y en baja voz, pregunta dónde se "apagan" esas maracas que no van con el arreglo original. Cosas de la informalidad, no podemos luchar contra el ruido de la calle y la llovizna pertinaz, el aplauso adelantado o los pies cansados. Pero seguimos allí, inmunes al desaliento y la conformidad. Firmes en nuestro compromiso.

Llega mediodía y cuesta despedirse. El ParranTOM no logra poner el punto final, así que cantamos algunas canciones más con nuestros cuatristas habituales. Al fin recogemos todo y nos vamos pensando en el próximo encuentro.

Lo hacemos por el Teatro, es verdad, pero también lo disfrutamos. Es una protesta con mucho de catarsis. Vale la pena sortear tantos inconvenientes para, al final, sentirse tan bien. Los lectores que aun lo duden tienen cada domingo una oportunidad para comprobarlo. Aprovéchenla. Como siempre, los esperamos.

lunes, 16 de julio de 2012

A Los Escépticos




Hace poco intercambiaba impresiones con un amigo -del ambiente coral maracayero- sobre la situación del Teatro de la Ópera y las posibles opciones de respuesta por parte de la colectividad. Coincidimos en lo desalentador que resulta ver cómo van derribando todo, hasta la fachada, sin que sepamos (y hay que insistir en ello) si tanto daño era necesario. ¿Habrá que confiar a ciegas en el criterio de los remodeladores? Si su proyecto es tan acertado, ¿por qué no lo hacen público? Unas fotos recientes del teatro por dentro muestran columnas y paredes desnudas donde antes relucía el mármol, los espejos y el terciopelo. Es realmente doloroso, y nos llena de indignación. 


En lo que diferimos mi amigo y yo fue en la forma de enfrentar el problema. Él se declaró partidario de una protesta "más enérgica", y por eso me pareció oportuno contarle cómo me uní a este movimiento ciudadano por el rescate del TOM.


Llevaba más de dos años escuchando en los medios locales las mismas quejas sobre el Teatro de la Ópera: que si lo desvalijaron, que si se llevaron hasta las lámparas, que si era otro gran guiso clientelar del gobierno … Un buen día entrevistaron a Morhec Suinaga como promotora de una protesta pacífica, materializada en una serenata semanal al TOM, con el propósito de llamar la atención sobre la situación del teatro y convocar a la ciudadanía para el justo reclamo de su reapertura. Mi impresión fue que al fin alguien hacía ALGO aparte de quejarse y culpar al gobierno. Todos sabemos que la corrupción va a llevarse buena parte de los recursos mientras no exista un estricto control en la ejecución de obras públicas, pero el hecho es que los maracayeros (artistas y público) no hemos hecho gran cosa para conocer el plan de “remodelación integral” del TOM, ni exigido un cronograma del avance de las obras, ni planteado la “contraloría social” como mecanismo para la rendición de cuentas. El movimiento “Devuélvannos el TOM” tomó esas banderas: su grupo de observadores ha presentado planteamientos concretos ante la Secretaría de Cultura del Estado Aragua, donde han sido recibido en dos ocasiones. Y en contraste con el desánimo general de los antiguos usuarios del teatro, la protesta-serenata se ha mantenido semanalmente por más de ocho meses, sin pretensiones de figuración o protagonismo, sino como expresión del anhelo colectivo por rescatar su más valioso espacio cultural. A la apatía ciudadana hay que agregar el miedo de los funcionarios públicos de cualquier ente (cultural o no) a tomar parte en iniciativas que impliquen una crítica al desempeño gubernamental, por muy "comeflor" que parezca cantarle a un teatro un día domingo.

Yo me incorporé a finales de febrero -a modo de prueba- invitada por una pareja de amigos. Después de algunos años en el mundo coral universitario, me hallaba un poco alejada de la actividad cultural. Sin embargo, al recibirme con tanta simpatía y calidez, me ganaron de inmediato para la causa del TOM. Mi amigo critica el "ambiente festivo" de nuestros encuentros semanales, pero se equivoca quien piense que nos tomamos a la ligera la crítica situación actual del teatro. De pronto es una característica del venezolano: no podemos encontrar caras conocidas porque armamos una fiesta -lo he visto hasta en velorios-. Aparte de eso, lograr reunir cada domingo a un grupo, aunque sea pequeño, confirma que hemos encontrado la forma de dar continuidad a nuestro justo reclamo. Y cada artista -reconocido o novel- que se suma a la protesta, nos da un enorme estímulo para seguir adelante. 


No sé si este movimiento alcanzará su objetivo de ver el TOM abierto y en pleno funcionamiento, pero yo seguiré apoyándolo. Hay mucho que averiguar sobre la remodelación y sobre la posición de organismos como el Instituto de Patrimonio Cultural. Hay que captar el apoyo de muchos más artistas por el rescate del teatro. Pero, principalmente, es necesario despertar a la ciudadanía, ese público que asistía con entusiasmo a cada espectáculo y que ahora permanece pasivo. ¿Realmente creen que no hay nada que hacer? Acompáñennos el próximo domingo y conocerán una alternativa. No pierden nada y, tal vez, ganen mucho. Los esperamos.